Pintar, Picasso y las Damas de Avignon

21 03 2019

Mucha gente piensa que pintar es un simple arrebato de inspiración en donde se avienta pintura en un acto de espontánea genialidad. Sin embargo, todo artista que se precie de serlo, sabe el estudio, el trabajo y la dedicación que hay detrás de una obra de arte. Eso es lo que intento enseñar a mis alumnos.
Picasso decía que el arte era 1% de inspiración, y 99% de transpiración. Con su pintura, “Las damas de Avignon” (pintada en 1907), Picasso rompe con los convencionalismos en el arte, con el realismo, tomando elementos del arte primitivo y del arte tribal africano, logrando así crear la primera obra cubista. Más recientemente, se descubrió que el artista hizo aproximadamente 750 bosquejos antes de definir la pintura como la conocemos. Es decir, trabajó arduamente hasta que consiguió la composición final que terminó generando la que se considera, nada más y nada menos, la obra iniciadora del arte moderno.
Pintar no es solo aventar pintura sobre el lienzo. Recordemos lo que dice el poema:

“Y nadie se ha de atrever
a corregirme la plana.
No pinta quien tiene gana,
sino quien sabe pintar.”

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Pell: pederasta sentenciado

14 03 2019

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El cardenal australiano George Pell fue sentenciado a seis años de prisión por un juez de la Corte del Condado de Victoria, por delitos de violencia sexual contra niños cometidos en la década de 1990. El sentenciado fue prefecto de la Secretaría de Economía del Vaticano, y es el sacerdote de más alto rango que ha sido acusado de abuso sexual.
Consejero directo del Papa Francisco, y quien fuera el número tres del Vaticano, era responsable de las finanzas de la Iglesia Católica.

Los Retos de la Razón





Para ser escuchado

9 02 2019

No es el tono de tu voz lo que debes subir para ser escuchado, sino el tono de tus ideas.

Dante Amerisi. Los Retos de la Razón





La vida se va

8 02 2019

Todos dejaremos esta vida, y quizá entre más la disfrutamos, más añoranzas acumularemos. El pasado es preciado. Los recuerdos memorables los atesoramos, los guardamos, porque han conformado nuestro espíritu, pero ningún recuerdo sustituye a la vivencia. Esas cosas son las que aparentemente se han ido. Añoramos la vida que se fue, porque es parte nuestra. Sabemos que recordar no es lo mismo que vivir, y de pronto nos damos cuenta que ha pasado el tiempo, y que se acaba. Queda en cada uno de nosotros aceptarlo con entereza e incluso con alegría, pero aceptarlo: la vida se va.

Dante Amerisi

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Una cuestión generacional

8 02 2019

– ¿Qué estudiaste?
– Sistemas.
– ¡Ah! Eres de los que le mueven al facebook…

No es desdén por tu profesión, sino una cuestión generacional. Algunas personas se quedaron atrás, su generación no alcanzó a llegar al futuro que hoy vivimos. Permanecen en el pasado, y les resulta inexplicable que los jóvenes parezcan tan unidos a esas máquinas de escribir con pantalla. Realmente ignoran lo que esas maquinitas hacen y sus alcances. No conciben que detrás de esa tecnología aparentemente frívola haya humanidad, cultura, conocimiento, comunicación, vivencias, entretenimiento, divulgación científica, y desarrollo de muchas disciplinas humanas, porque ellos lo vivieron de otro modo. Para ellos, solo son cajas tontas, como algún día se dijo de la televisión, y no alcanzan a entender el potencial que tienen, aunque lo intuyen. Y una profesión que gire alrededor de esas máquinas, les resulta aún más incomprensible. Ellos son como aquellos que alguna vez quisieron quedarse con su caballo, en lugar de comprarse un auto. Sabían hacia dónde apuntaba el futuro, pero no estaban convencidos de abandonar su presente, y se quedaron con su caballo hasta que se hicieron viejos junto con él. Se apegaron tanto a las cosas y costumbres de sus tiempos, que su presente se fue despegando cada vez más de un posible futuro. Sus días no son los de hoy, sino los de ayer. Así que, cuando algún viejo te diga algo como eso, que eres de los que le mueven al Facebook, no te ofendas; simplemente asiente y trata de ser comprensivo, porque quien está preparándose para vivir el futuro eres tú, y ellos con esfuerzo se aferran a un tren que día a día se les escapa. No importa que sepan o no de sistemas, respétalos y trata de entenderlos. Sí, diles que le mueves al Facebook, y míralos con ternura, pues lo que realmente no comprenden no es tu profesión, sino cómo se les ha ido yendo la vida.

Dante Amerisi. El hombre y su desierto.

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Горгулья

1 02 2019

Горгулья

Память в памяти,
эфемерная победа,
страница без славы
И двое из нас обернулись.

И я жду Вас в высотах,
между пропастями безумия
и Ваша любовь, которая не позволяет мне идти.
Как продолжить?
Я не буду воздерживаться! Для Вас я не буду делать этого.
Свобода не будет убивать меня.
Но,что я имею сегодня?
Ваше отсутствие увековечено….

Ни лето, ни зима,
Не даже двери ада будут открыты,
чтобы позволить мне вступать,
если это не с Вами

И если любовь запрещена
сколько падших ангелов
пострадает для того,
чтобы сохранить способность летать?
И если Вы не здесь,
это большое одиночество преображает меня невосполнимо,
в странном существе,
это не может использовать его крылья.
Горгулья.

Однако, как всегда,
из-за веков,я подожду тебя.

Данте Америси

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Borges y Rulfo

30 01 2019

Jorge Luis Borges visitó la ciudad de México en 1973. Amable, accedió a todos los «impiadosos compromisos» que, según sus palabras, «confundían a un modesto autor con un pésimo actor». A su llegada al país, el escritor argentino «pidió un favor» a sus anfitriones. Quería hablar con Juan Rulfo. Le sugirieron entonces un desayuno. «Pido clemencia -respondió-. Prefiero los atardeceres. Las mañanas me derrotan. Ya no tengo el brío ni las fuerzas para entregar al día lo que se merece. Hoy el crepúsculo me sienta mejor. Sólo quiero conversar con mi amigo Rulfo».

La conversación, según fuentes de la época, fue más o menos así:

Rulfo: Maestro, soy yo, Rulfo. Que bueno que ya llegó. Usted sabe como lo estimamos y lo admiramos.

Borges: Finalmente, Rulfo. Ya no puedo ver un país, pero lo puedo escuchar. Y escucho tanta amabilidad. Ya había olvidado la verdadera dimensión de esta gran costumbre. Pero no me llame Borges y menos «maestro», dígame Jorge Luis.

Rulfo: Qué amable. Usted dígame entonces Juan.

Borges: Le voy a ser sincero. Me gusta más Juan que Jorge Luis, con sus cuatro letras tan breves y tan definitivas. La brevedad ha sido siempre una de mis predilecciones.

Rulfo: No, eso sí que no. Juan cualquiera, pero Jorge Luis, sólo Borges.

Borges: Usted tan atento como siempre. Dígame, ¿cómo ha estado últimamente?

Rulfo: ¿Yo? Pues muriéndome, muriéndome por ahí.

Borges: Entonces no le ha ido tan mal.

Rulfo: ¿Cómo así?

Borges: Imagínese, don Juan, lo desdichado que seríamos si fuéramos inmortales.

Rulfo: Sí, verdad. Después anda uno por ahí muerto haciendo como si estuviera uno vivo.

Borges: Le voy a confiar un secreto. Mi abuelo, el general, decía que no se llamaba Borges, que su nombre verdadero era otro, secreto. Sospechoso que se llamaba Pedro Páramo. Yo entonces soy una reedición de lo que usted escribió sobre los de Comala.

Rulfo: Así ya me puedo morir en serio.








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