Motivos del poema “El Baúl”

23 05 2013

Debo confesar que “El Baúl” es un poema que recuerdo con mucho cariño, por varios motivos. Tal vez no parezca tan especial a los ojos de muchos, pero para mí lo es. Y aunque, como dicen, esta no sea una verdad muy pura, sucede que es la pura verdad.

Hace algunos años, un día lluvioso de verano, tuve a bien quebrarme un hueso de mi mano derecha (el metacarpiano del dedo pequeño). Y digo “tuve a bien” porque, debido a la fractura, me inmovilizaron la mano por un tiempo prudente hasta que el hueso soldó y pude realizar las actividades normalmente. Pero mientras tanto, mi mano derecha tuvo que ceder su tiránico dominio de las habilidades manuales, como escribir y dibujar, a su siniestra compañera, mi mano izquierda.

Fue entonces que me sorprendí a mí mismo, maravillado por las habilidades ocultas de mi mano sana. Aunque al principio batallaba para dibujar y pintar, después descubrí las posibilidades plásticas de hacerlo con una mano que sabía cómo, pero que pocas veces lo había intentado.

Por aquel tiempo compré un pequeño cuaderno de notas con pasta dura, que llevaba estampado un atardecer en ambas pastas. Era lo suficientemente pequeño para sostenerlo con la mano enyesada, asiéndolo con los dedos que tenían movilidad. Al escribir tuve que hacerlo con la izquierda, pero sucedió lo mismo que al pintar. La grafía era tan diferente a la usual, que imaginaba que un ser de mi cosmogonía que había permanecido mudo se expresaba a través de esa mano. Por supuesto que la experiencia me aportó fantasías y reflexiones nuevas. Y una de esas reflexiones fue acerca de la bendición del desequilibrio en nuestras vidas.

Aunque normalmente sería más preciso, fácil y rápido escribir, pintar y dibujar con la mano derecha, el sólo hecho de hacerlo con la mano izquierda aportaba dimensiones nuevas que iban más allá de las puramente físicas. Entonces, comencé a percatarme de la importancia del desequilibrio y una cosa me fue llevando a otra.

Como ocurre con la evolución natural cuando surge una nueva especie a partir de un cambio climático o genético, así imaginé que ocurre con la vida cotidiana de las personas. Me di cuenta de cómo el desequilibrio funciona de maravilla para romper rutinas y hacernos evolucionar, superando obstáculos, mejorándonos y perpetuándonos.

Pensé en el amor mismo como un afortunado desequilibrio que nos obliga a salir de la cotidianeidad y nos hace la vida más disfrutable. De eso habla mi poema. Por muy pequeño que sea el cambio, el amor es un germen que infecta la rutina diaria de las personas y hace su vida más excitante.

Con los versos de “El Baúl”, quise expresar que el amor es ese factor de desequilibrio que hace que la vida sea emocionante y valga la pena. Este es, entonces, un poema escrito definitivamente con la mano izquierda.

El baúl
 
Hay un baúl lleno de recuerdos míos
en un desván olvidado
de una casa sin domicilio,
sobre un calle anónima
de un suburbio perdido,
en una ciudad lejana
de un país místico,
en un mundo pequeño
y remoto de tu universo.
 
Y su única misión
es mantener en peligro
el equilibrio cotidiano
de tu íntima cosmogonía.
 
Dante Amerisi
 
El baúl

El baúl

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