Dios no usa condón

11 02 2013

Por Dante Amerisi

Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Es omnipotente, omnipresente y omnisciente. Sin embargo, han existido tantos dioses en el mundo, como culturas humanas. A veces, algunos dioses comparten su divinidad con un gran séquito de dioses menores, semidioses, santos y otros agregados. Incluso, hay sociedades divididas por dogmas que promueven dioses diferentes.

Dios, o los dioses, son benevolentes, pero también castigan (y muy fuerte). Promueven el perdón, pero no dudan en eliminar a quienes no siguen sus ritos con plagas, catástrofes, maldiciones, cacería de brujas, inquisiciones o guerras santas, entre otras cosas. Así se nos ha sido dicho.

Dios deja que la política use a su religión para apoyar gobiernos, como manera efectiva para manipular a las masas. Por eso, permite que sus representantes en la Tierra, ministros, sacerdotes, santos, chamanes y otros que promueven su doctrina, condenen a los no adeptos, a los hombres de ciencia, a los que disienten de sus prácticas, a los que se atreven a cuestionarlos, olvidando que ellos también son simples hombres. Esto significa que dios favorece a la clase sacerdotal por sobre los demás.

Dios, dentro de toda su sabiduría, permite que existan sacerdotes pederastas y abusadores, a los que no les importa dañar de por vida a niños inocentes con tal de satisfacer sus bajos instintos. Violar y causar daño psicológico irreversible a seres indefensos parece ser bueno ante los ojos de dios, pues estos criminales no son castigados ni perseguidos por la iglesia, como lo hace con quienes disienten de su doctrina. Y digo que dios lo permite, puesto que, como todo lo ve y todo lo sabe, debió estar al tanto de todos y cada uno de estos crímenes, en el momento justo en que ocurrían, y no hizo nada al respecto (las plagas y los diluvios los usa sólo para otras cosas, pero parece que el abuso de menores es un asunto que puede esperar hasta el juicio final).

Ya que dios es nuestro padre en el cielo (o donde quiera que se encuentre), significa que dios permite que sus hijos más indefensos sean ultrajados, sin reaccionar siquiera. Eso no lo encoleriza tanto, como perder adeptos (otra vez lo de los adeptos).

Distintas doctrinas de dios promueven la humildad, el ayuno, la generosidad, el valor de lo  espiritual sobre lo mundano, pero tienen cuentas bancarias y recaudaciones millonarias tan grandes, que algunas hasta bancos poseen.

Las frases como “al César lo que es del César, y a dios lo que es de dios…” parecieran confundirse con el tiempo. Y eso de que “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, a que un hombre rico entre al cielo…” se lee muy bonito, si eres pobre. Pero, para fortuna del rico, la iglesia también se sostiene con dinero y hay métodos para ser disculpados por tenerlo en demasía (cosa de conveniencia mutua). O, por lo menos, para poder fabricar agujas tan grandes, que los camellos puedan pasar por sus ojillos.

En cuanto a la humildad (aunque dicen que la doctrina debe llevarse en el corazón), entre las edificaciones más fastuosas del mundo se encuentran aquellas dedicadas a los dioses (y a sus sacerdotes, por supuesto). Llámense catedrales, mezquitas, templos, pirámides, mausoleos, sinagogas, centros de culto, castillos, casas veraniegas, etcétera. Muchas de ellas adornadas con oro, piedras preciosas, maderas finas y obras de arte de los más famosos artistas. Seguramente, a dios le gusta el lujo y la ostentación, aunque en el mundo prevalezca la pobreza, el hambre y la injusticia; aunque falten hospitales, escuelas y muchas personas no tengan los servicios más elementales en su casa; aunque millones de personas ¡ni siquiera tengan casa!

Dios y sus doctrinas son para ser entendidos por el espíritu, no por la mente. A esto se le llama “fe”. Por eso, sus doctrinarios sostenían que la Tierra era plana, o que el Sol, los planetas y las estrellas giraban en torno a ella, pues la mente no debía usarse para descubrir la realidad. Por eso, dios ha permitido maneras de convencer a los no convencidos (si no con la palabra, con los convincentes argumentos de la tortura o el exterminio). Algunos piensan que esos duros métodos sólo se usaron en tiempos muy lejanos. Pero hace menos de un siglo ocurrió el holocausto judío; hace una década, el ataque a las torres gemelas por un grupo fundamentalista; no hace mucho, los casos de suicidio colectivo ordenados por líderes religiosos, como el de los Davinianos o el ocurrido en Guyana en los setentas. Todos esos actos atroces contra la humanidad llevaron la premisa de “no lo entiendas, sólo hazlo, por la fe”. Bien dicen, son misteriosos los designios del señor.

En pleno siglo XXI, muchos condenan el uso de la televisión o el Internet, conceptuados como eficaces métodos propagandísticos sin contenido. Hoy en día, a la propaganda la asociamos con política y mercantilismo. Olvidamos (o desconocemos), que la misma palabra “propaganda” deriva del acto de “propagar la fe”. Las maneras de propagar la fe, según cuenta la historia, han sido diversas. Desde la destrucción de templos paganos (con sus paganitos dentro) y su reemplazo por  templos de la doctrina evangelizante, hasta campañas muy bien organizadas (pero no menos sanguinarias), como la Santa Inquisición (que de santa no tenía nada). Actualmente, dios usa también el Internet y la televisión para hacerse propaganda, con páginas web e incluso hasta con canales de televisión propios, en donde evangeliza, y de pasada, aprovecha para vender medallas milagrosas. Afortunadamente, ya no cuelgan a los paganos de los dedos gordos de los pies para evangelizarlos, como hicieron con los nativos de México-Tenochtitlán, durante la conquista. Ahora, los feligreses llegan solitos, utilizando la adecuada publicidad.

Los seres humanos somos bastante ilógicos. Si dios no ha podido acabar con la pobreza en el mundo ¿cómo se espera que algún partido político lo haga? Bueno, a menos que el gobernante sea del mismo partido que dios. Pero ese es otro asunto. Sin embargo, la idea de que somos creaciones únicas y elegidas por una divinidad, me resulta bastante pretenciosa. ¿Nosotros, el objeto de la creación y centro de la preocupación de dios?

Ya que dios creó al hombre a su imagen y semejanza, ¿debemos entender que somos semejantemente omnipotentes, omnipresentes y omniscientes?

Dentro de lo que es la maravilla humana, sospecho que le salimos un poco defectuosos al creador, pues la historia nos muestra que no somos ninguna de esas cosas. Y vaya que toda persona normal (al menos la mayoría), defendería con las veinte uñas a sus hijos contra abusos como el de la pederastia, sin ser omnipresentes, ni omnisapientes, ni mucho menos, omnipotentes.

No somos nada perfectos. Si el hombre se parece a dios, él debe tener los mismos defectos que nosotros. Quizá más, por ser más grandote y omnipresente.

¿Cómo explicar esto, entonces? ¿Cómo explicar que exista un dios (o dioses) tan interesado en promoverse, al que le gustan los lujos y acumular riquezas, que no es equitativo, que convence a la fuerza, que promueve el perdón sin perdonar, que pide la aceptación a ciegas y condena el uso de la razón y que permite abusos contra indefensos? Un dios de perfección divina no puede tener tantos errores.

¿No será, acaso, que fue el hombre quien creó a dios y no al revés?

Esto explicaría tantos errores de fabricación.

Pienso que, si se ha de creer en algo, hay que hacerlo con responsabilidad. No somos autómatas y a nadie nos gusta descubrir que hemos sido manipulados o que nos han ocultado la verdad. Hay que usar la razón y el sentido común. La naturaleza es una guía fantástica de las cosas. Todos sabemos lo que está bien o mal, sin importar lo que digan las autoridades religiosas, sin distingo de religión.

Dudo que los hombres y mujeres del siglo XXI deseen convertirse en veletas de la razón y del conocimiento y, sobre todo, de la voluntad.

Recién en 2011, el Papa Ratzinger visitó África y condenó el uso del condón. Sabemos que la pobreza y la falta de educación en dicho continente ya causan numerosas víctimas como para agravar el problema de salud. El condón previene la transmisión de enfermedades letales, como el sida, siendo la transmisión sexual su principal medio de contagio. Parece, entonces, una acción por demás irresponsable del vicario de Cristo (pero, si los casos de pederastia infantil no lo conmueven, menos lo hará el peligro de la propagación del sida).

A menos que se prohíba en algún lugar de las escrituras, ¿por qué condenar el uso del condón como medio sanitario?

Entre los relatos sexuales registrados en las escrituras, no encuentro esa prohibición (incluyendo en el de Lot y sus hijas).

La defensa de la vida es un argumento que resulta irónico y contradictorio, cuando el sida causa tal cantidad de muertes en menores y adultos, infectando incluso a no natos. El condón no interrumpe la gestación. Conlleva más peligro la falta del uso del condón que del cepillo de dientes y nadie ha dicho que no uses cepillo. Su uso es, por igual, sanitario.

El ser humano tiene necesidades naturales que el sexo cumple, tanto reproductivas y fisiológicas como afectivas. Así fuimos creados. Por instinto, la necesidad natural de copular esta presente, como en la gran mayoría de los animales del planeta. No recomiendo que tengan sexo desenfrenadamente (cada quien que lo haga como pueda y quiera). Pero la humanidad no dejará de tener sexo, con o sin condón. Así que, el uso del condón es preferible.

Volviendo al concepto de la imagen y semejanza entre dios y el hombre, ¿será entonces que no debemos usar condón, porque dios no lo usa?

Papa condon

Una imagen que circula en internet a raíz de las declaraciones del Papa Ratzinger sobre el condón

 

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